POR UNA NUTRICIÓN CONSCIENTE Y MEJOR CALIDAD DE VIDA

Exposición de la base filosófica y el sentido de nuestra tarea cotidiana

 
   
Es sencillo advertir como se degrada día a día nuestra calidad de vida. Solo basta mirar en derredor. El estado de la ancianidad es deplorable y no resiste comparación con generaciones pasadas; cualquiera puede observarlo en su ámbito familiar y sacar objetivas conclusiones. La niñez es también claro ejemplo de la decadencia. Ni hablar de la gran cantidad de patologías que debemos “agradecer” al moderno estilo de vida: problemas inmunológicos (sida, cáncer, alergias, afecciones respiratorias, esclerosis múltiple), neurológicos (estrés, hiperactividad, irritabilidad, depresión, demencia senil, alzheimer), hormonales (crisis adolescentes y menopaúsicas, tiroidismo, diabetes, hipoglucemia, fatiga crónica), cardiovasculares (infartos, embolias, aterosclerosis, hipertensión, arritmia) y articulares (artritis, reuma, inflamaciones).

¿Qué entendemos por calidad de vida? Se trata de un estado de plenitud que no se limita a la simple ausencia de enfermedad, sino al logro de un óptimo estado psico-físico que nos permita:

disponer de buen nivel de energía (tanto física como mental),
retardar el proceso de envejecimiento,
tener buen manejo del estrés y
estar libres de aquellos desequilibrios que incorrectamente llamamos enfermedades.

Los orientales tienen una visión similar. El japonés Georges Ohsawa definió las siete condiciones que indican un buen estado de salud: tener buen apetito y satisfacerse con los alimentos más simples; estar siempre listo para realizar algo y no mostrarse nunca cansado; tener un sueño profundo; tener buena memoria; estar alegre; poner esmero en todo, en cualquier lugar y en cualquier ambiente; y ser íntegro, lo cual implica serenidad y capacidad de discernir.

 
   
Todos podemos alcanzar estos estadios de plenitud psico-física. Para ello es básico el funcionamiento equilibrado de los sistemas inmunológico y hormonal. Ambos están influenciados por una serie de factores. Algunos de ellos pueden parecer difícilmente manejables; es el caso de los problemas ambientales o las cuestiones emocionales. Sin embargo hay un factor clave que nos permite compensarlos y que se encuentra íntegramente en nuestras manos: el nutricional. Tenemos plena capacidad de opción sobre aquello que llevamos a la boca; somos libres de elegir. Pero dado que generalmente no somos conscientes de la tremenda influencia que tiene el alimento sobre la calidad de nuestro funcionamiento orgánico, nos limitamos a alimentarnos casi mecánicamente.

Para muchos, la comida se ha convertido en una “carga” a resolver del modo más rápido y económico. Para otros, el alimento es una simple “descarga” emocional y nerviosa, donde se buscan compensaciones y estímulos. Gracias al “no tengo tiempo” y al “me siento vacío”, la industria de los alimentos ha encontrado grandes filones marketineros y los explota a la perfección, brindando todo “fácil, pronto y rico”. Es más, nos creemos “privilegiados” por estar viviendo esta época de abundancia, delivery y fast-food. Pero claro, esta ilusión se disuelve cuando comprendemos que allí está la causa de nuestra mediocre calidad de vida. Lamentablemente nos vamos resignando a la mediocridad. Nos parece “normal” tener problemas y estamos convencidos que “los años no vienen solos”. Así vamos dejando de ejercer nuestro natural derecho a la plenitud y nos conformamos con andar al 50% de nuestro potencial.

Una nutrición equilibrada, que permita el adecuado funcionamiento de los sistemas inmunológico y hormonal, será la base de la plenitud que definimos anteriormente y por tanto representará la verdadera solución de gran cantidad de padecimientos que nos afligen a diario. Estos padecimientos no son solo físicos, sino también emocionales. La visión fragmentada que predomina en nuestra sociedad, nos lleva a pensar que son problemas distintos y que se deben manejar separadamente. Quien experimenta el camino de una Nutrición Consciente, puede comprobar que no es así.

 
   
Cuando comenzó a investigarse la relación mente/cuerpo, se advirtió que las emociones manejaban al organismo. Luego se comprendió que era una verdad a medias. No había acción en un solo sentido. Se trataba de una vasta interacción. La endocrinología está comenzando a entender el complejo mundo de las hormonas. Entre otras cosas, estos minúsculos transmisores comandan las emociones y el delicado sistema inmunológico. La gran sorpresa fue comprobar que el sistema hormonal responde básicamente a la influencia del alimento ingerido. Esto no hace más que confirmar la empírica o intuitiva sabiduría ancestral. En el Japón antiguo se afirmaba: “manejando la cocina de un pueblo puede manipularse su conducta”. En Grecia, el padre de la medicina occidental decía “que el alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”. Hoy la investigación alternativa comienza a comprender que el alimento es el fármaco más potente que tenemos, pues además lo ingerimos regularmente todos los días de nuestra existencia. Solo basta conocerlo mejor y utilizarlo correctamente.

Somos partidarios de la autogestión de la salud. Debemos tomar las riendas de nuestra propia salud. Debemos dejar de ser pasajeros y convertirnos en tripulantes de nuestro maravilloso organismo. Inicialmente es un camino más difícil y que exige mayor responsabilidad, pero los beneficios bien valen el esfuerzo. Debemos recuperar nuestra sensibilidad, desarrollar la intuición, saber qué necesita nuestro organismo y qué lo perjudica. Son procesos que debemos abordarlos con gradualismo, sin fanatismos, con inteligencia, sin rigidez estructural, sin estar atenidos a tablas o a cifras y sin pretender imponerlo a los demás. Poco a poco podremos revertir el espiral descendente que genera nuestro actual entorno artificializado, recuperando el contacto con lo natural. Mentes brillantes afirmaron -y ahora lo corrobora la física cuántica- que si uno cambia, también cambia el mundo. Nuestro campo -el de la salud y la alimentación- sirve para demostrar la validez de estos conceptos. Podremos constatar como nuestro cambio de actitud ejerce un efecto beneficioso y multiplicador sobre nuestro entorno. En el antiguo lenguaje sánscrito existe una palabra que define dicho estado de equilibrio dinámico: Prama.

Este pequeño emprendimiento familiar del Valle de Traslasierra (Córdoba), nacido en 1998, pretende mostrar alternativas posibles. Aportamos propuestas constructivas e información para todos: alimentos y sugerencias saludables, alimentos problemáticos, consideraciones sobre problemas de salud, textos de los medios de comunicación, talleres, libros… todo alentando el crecimiento y la evolución. Usted es parte activa de esta propuesta. Su apoyo, sus críticas y sus consultas colaboran y alientan el mutuo crecimiento... lo cual no es poco!!!