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FILTRO CERAMICO DESCONTAMINANTE DE AGUA
Depuración casera
A nadie escapan los altos niveles de contaminación presentes en las aguas de consumo humano, consecuencia de actividades humanas desaprensivas y de fuerte impacto ambiental. Nuestro organismo es 70% agua y por lo tanto la calidad del agua que ingerimos es el principal condicionante de nuestra salud. Teóricamente quienes habitan grandes o pequeñas ciudades, deberían recibir un suministro de agua “potable” y segura para el consumo. Sin entrar en consideraciones que exceden el marco de este artículo, podemos advertir que en realidad se paga por un servicio que se presta con grandes deficiencias.
Las personas atentas a la salud de su grupo familiar buscan alternativas para resolver esta falencia. Algunos consumen solo agua embotellada y otros buscan filtros domiciliarios que brinden cierta confiabilidad funcional. A estos últimos está destinada la propuesta del filtro cerámico. Pero antes conviene adentrarnos en la problemática del agua, para saber qué y cómo debemos filtrar.
Básicamente hay dos tipos de contaminación que afectan al agua que consumimos. Una es la contaminación orgánica ó bacteriana (presencia de gérmenes, bacterias, algas y hongos). Una causa de esta contaminación son los efluentes cloacales no tratados, que en ciertos lugares se vuelcan desaprensivamente a ríos y arroyos. En zonas sin sistemas cloacales, los desechos circulan desde los pozos negros hacia las napas de consumo. Este problema se ve agravado en ciertas zonas por el ascenso incesante de las napas. Otra causa de contaminación bacteriana en zonas rurales es la presencia de animales en áreas de captación de agua. Si bien este tipo de contaminación tiene implicancias directas y rápidas sobre nuestro organismo (flora intestinal, hígado, riñones, etc), es el más fácil de resolver.
A nuestro entender la más peligrosa es la contaminación inorgánica (presencia de metales pesados, minerales tóxicos, residuos industriales, agroquímicos, material radiactivo, etc). Este tipo de contaminación es menos perceptible, pero mucho más dañina, dada la acumulación silenciosa en el tiempo. Industria, minería y agricultura conforman el principal trío de actividades humanas que incrementan el natural foco contaminante representado por minerales tóxicos presentes en distintas zonas geográficas (ejemplo, el arsénico). Dado que el tema excede este ámbito, basta citar lo que representa el “boom sojero” en nuestro país: cada hectárea de cultivo recibe, por campaña, el aporte de 10 litros de agroquímicos altamente tóxicos. Ese volumen de venenos se suele diluir en 100 litros de agua. Si multiplicamos estas cifras por los 20 millones de hectáreas cultivadas en el país, nos damos cuenta que allí nomás tenemos la friolera de más de 2.000 millones de litros de dilución tóxica que se infiltran en nuestras napas cada temporada. O sea que nadie está a salvo de contaminantes.
Dada esta situación inevitable y la también inevitable desconfianza hacia los tratamientos industriales del agua potable (sea que lo realicen entes públicos o empresas privadas), las personas responsables y atentas al cuidado de su salud, se ven obligadas a tomar cartas en el asunto. Para generar agua perfectamente pura y potable, el filtrado del agua debe eliminar tanto la contaminación orgánica como la inorgánica. A través del uso de la vieja y confiable técnica del filtro cerámico, podemos disponer hoy día de un adminículo doméstico eficiente y de bajo costo de gestión, que nos brinde la necesaria cantidad de agua descontaminada para el consumo cotidiano.
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Descripción del filtro cerámico
Los filtros cerámicos eran muy populares en zonas litoraleñas, como modo de obtener agua segura para consumo a partir de la turbia agua de río. Básicamente se trata de un cuenco abierto, en el cual se introduce el agua a potabilizar, que atravesando lentamente la pared cerámica del cuenco, emerge libre de impurezas.
La cerámica debe tener ciertas características especiales (materia prima adecuada, espesor suficiente y una técnica de cocción que asegure la calidad de la microestructura filtrante). Jorge Fernández Chiti, prestigioso maestro cerámico argentino, ha volcado toda su experiencia en el libro “Filtro cerámico Condorhuasi descontaminante de aguas”, el cual detalla todos los aspectos relacionados con su construcción y gestión, disponible para aquellos interesados en ahondar el aspecto técnico de su construcción.
El filtro va montado en una estructura metálica que genera un vano inferior donde se coloca el recipiente que recoge el agua purificada. Según el tamaño y la limpieza del filtro, puede obtenerse aproximadamente medio litro de agua filtrada por hora. Cuanto más lleno está el filtro, mayor es su velocidad de filtrado. Se aconseja mantener el filtro cubierto para evitar contaminar el agua con polvillo, insectos o aerosoles. Una vez a la semana conviene vaciarlo y lavarlo con agua y cepillo.
Procesamiento del agua
Dado que el filtro opera como un tamiz micrométrico, se recomienda procesar previamente el agua a descontaminar con el auxilio de dos elementos de sencilla administración: cloro (lavandina o clorito de sodio) y caolín (polvo de arcilla). El primero de los elementos elimina los contaminantes orgánicos (gérmenes, bacterias, algas y hongos), mientras que el segundo actúa sobre los contaminantes inorgánicos (metales pesados, minerales tóxicos, residuos industriales, agroquímicos, material radiactivo, etc). En realidad se complementan, dado que el cloro, además de neutralizar los microorganismos, oxida compuestos químicos y minerales tóxicos presentes en el agua. Una vez oxidadas, las sustancias tóxicas son fácilmente adsorbidas y floculadas por el caolín, precipitando rápidamente. Ambos procesos pueden completarse en apenas una hora.
El primer proceso inicia con la dosificación del cloro, la cual se realiza con un simple gotero. La cantidad de gotas por litro dependerá del tratamiento que posea el agua a utilizar. En grandes ciudades, generalmente el problema es el exceso de cloro, fácil de advertir por el olfato que capta los gases evaporados. Esta característica del cloro permite resolver su eventual exceso, a través de la evaporación por hervido o exposición al sol. En estos casos, podemos evitar hacer el proceso de clorado. En caso de no advertir el característico olor a cloro, nos aseguraremos colocando entre 5 y 10 gotas de cloro por litro de agua, según la calidad del agua que estemos tratando. Agitamos la botella y dejamos al menos media hora que el cloro cumpla su función bactericida y oxidante. Esta acción del cloro se transmite luego al filtro, manteniéndolo libre de gérmenes, bacterias y hongos.
Acto seguido pasamos al segundo proceso, agregando unos 150 mg de caolín por litro de agua. Esto equivale a la punta de una cucharita de café o al volumen de unos cinco granos de arroz. Volvemos a agitar la botella y dejamos otra media hora, a fin que se formen los flóculos (grumos o coágulos que adsorben los compuestos tóxicos) y que precipiten al fondo del recipiente. Transcurrido ese tiempo (puede esperarse más tiempo si el agua muestra aún mucha turbiedad) se puede volcar el agua en el filtro, teniendo cuidado de no remover el fondo de la botella, que debe descartarse, por contener compuestos tóxicos.
Siguiendo estos pasos, estaremos seguros que el agua recogida bajo el filtro está absolutamente descontaminada y podremos usarla con absoluta confianza, cualquiera sea su origen. Dado que estos procesos deben realizarse periódicamente, conviene tener un recipiente destinado a tal fin, con la capacidad de agua que necesitamos purificar cada día. Una buena sugerencia son las damajuanas de vidrio de 5 litros, o bien botellones de plástico. Recordemos que el vidrio es el envase más noble para el agua, dada las evidencias científicas sobre las reacciones del material plástico.